Ibón de Brazato

Después de poner una pica en Panticosa «pueblo», cogimos nuestra casita con ruedas y nos mudamos al Balneario de Panticosa, sin saber qué nos encontraríamos allí en este verano en el que las cámpers y las autocaravanas han sido legión.

El Balneario de Panticosa es un conjunto de edificios con varias fases y varias añadas a sus espaldas. Las primeras construcciones tienen más de un siglo de vida, y obedecen a nuestra necesidad de instalarnos allá donde hay algo asombroso o especialmente bello. Dudo que, con la legislación vigente, fuera posible construir semejante complejo en un entorno tan privilegiado. ¿O sí? Según quien la pague. En cualquier caso, volvamos a la actualidad, hoy por hoy es un complejo turístico en el que unos cuantos intentan alojarse con poco éxito aislados de la plebe. Y digo esto, porque se ha intentando infructuosamente limitar el aparcamiento a los que van sobre ruedas creando una zona inferior en la que había… una furgoneta de corte hippie. Mientras en los aparcamientos del balneario nos encontramos con una ciudad rodante. Lo sé. Ni tanto, ni tan poco. Pero lo cierto es que pasado el primer susto masificativo, comprobamos que es gente que sube para hacer rutas, y que a las 10 de la noche todo estaba en silencio. Los aparcamientos estaban bien organizados. Y se podía pasear y circular sin toparse con ninguna marabunta. Muchos, sí, pero ordenados. De modo que visto lo visto y guardando una distancia prudencial, nos instalamos allí un par de noches.
El día 18 por la mañana, bien fresquitos por la altitud y la ausencia de sol que pegase en el circo hasta horas más tardías, nos levantamos para hacer el ascenso al Ibón de Brazato. Una subida un poco dura, con mucho zizagueo por senda de piedra, pero que merece la pena por las vistas.

A medida que ganamos altitud y miramos hacia atrás, vamos tomando consciencia del imponente circo en el que se asienta el balneario. Y también de todo aquello que lo rodea, y que desde abajo nos permanece oculto. La senda no tiene pérdida, aparte de que la jalonan carteles indicativos de las diversas opciones que podemos atacar desde cada cruce, basta con tomársela con calma y disfrutar de los varios rincones que nos van saliendo al paso, todos magníficos.

Llegados al Ibón de Brazato, podremos asomarnos al Ibón inferior, y desde su plataforma tendremos vistas de nuevo a todos los picos colindantes. A la bajada, decidimos comer en una pequeña laguna que hay aguas abajo del ibón inferior, encajada en un enclave más verde y sombreado.

Vistas del balneario desde arriba.

En total anduvimos 14 kilómetros con cerca de 900 metros de ascenso.

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