Ibones Azules

Hoy subo al blog una de las excursiones más bonitas del Pirineo Aragonés. La subida desde el Balneario de Panticosa hasta los Ibones Azules, por el Embalse de Bachimaña. Esta excursión tiene 15 kms sumando la ida y el regreso, lo cual no es demasiado, pero hay que contar con más de 1000 m de ascenso, por lo que hay que tener un mínimo de forma física, ya que además estos no se hacen siempre por terreno sencillo. Pero si somos capaces de afrontar ese ascenso, merece la pena.

El inicio desde el Balneario está bien señalizado, y remonta por una vereda desde la que pronto empezamos a ver las cascadas que forma el agua del río Caldarés. Tras una primera zona más dura, el ascenso se suaviza durante unos kms, a la par que se abre el valle y nos permite ver las cascadas del Fraile. Cuando llegamos al circo en el que se encuentra, descubrimos que además, sobre él vierten sus aguas otros dos arroyos más que vienen del Embalse de Bachimaña y del Ibón de Coanga respectivamente. Un espectáculo.

De nuevo tenemos que afrontar un repecho, para subir del circo a la plataforma del embalse, y allí haremos una parada para contemplar las vistas, y el bullicio de gente que pasa por el Refugio de Bachimaña. Tras el Ibón homónimo, descubriremos al otro lado de una presa un embalse de montaña de buenas dimensiones que tiene hasta una isla. Por su orilla Oeste seguiremos el ascenso, esta vez un poco más cómodo, hasta el Ibón Azul inferior. Bonito pero no tanto como el superior, que con una plataforma de mayores dimensiones sobre la que mana agua desde varios puntos, se presenta como uno de esos sitios en los que nos gustaría quedarnos parados con el tiempo.

Repuestos y ante la necesidad de bajar, retomamos el camino por el que subimos de Bachimaña para cruzar al otro lado de su ibón, en busca de una bajada menos concurrida, que aparece en el refugio para marchar en paralelo por el Este. Para ello, primero hemos de cruzar el circo que antes veíamos desde abajo, en horizontal, siguiendo un cauce que sale de un túnel excavado en la montaña. Hay que prestar atención porque la pedrera de caliza que hemos de cruzar no es apta para todos los públicos, y desde luego no debería afrontarse con nieve o hielo sin la preparación y el material necesarios. Pasado el cruce del circo, la vereda se vuelve más sencilla, y nos bajará a un nuevo ibón cubierto de vegetación, el de Lumiacha. Desde allí estaremos ya cerca del Balneario, al que llegaremos con una sonrisa de oreja a oreja y con otra historia en la suela de nuestras botas.

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