Escocia 2022. Cuarta Parte.

Salimos del Lago Leven, cómo no, haciendo fotos, porque aquel sitio nos lanzaba imágenes deslumbrantes con cualquier luz del día. Pero tocaba hacer Sur, en busca de la bajada atravesando Inglaterra por el centro Oeste, paralelos a la subida. Llevábamos días debatiéndonos entre la opción de entrar o no en Glasgow, ya que las informaciones que teníamos nos hablaban de una ciudad con mucha vida cultural, pero pocas cosas que ofrecer a viajeros con perro, en cuanto a espacios exteriores dignos de una parada. Pero al final decidimos no hacer la tangente a la ciudad más poblada de Escocia, y pasar unas horas, para luego avanzar un poco hacia el Sur después de cenar y así quitarnos el jaleo del tráfico matinal en un día de tirada larga.

Por el camino, destacar cómo no, más castillos (Stalkler, Dunstafnage, Kilchurn) y una preciosa Iglesia dedicada a St Connan. Entre paradas a estirar las piernas y hacer fotos se nos fue una bonita mañana escocesa.

A la altura de dicha iglesia tuvimos otro pequeño incidente del viaje, en forma de segunda pedrada en el parabrisas, pero esta un poco más fuerte, iniciándose una curiosa grieta que parecía no dejar de crecer

Y entre fotos y pedradas llegábamos al Lago Lomond, al norte de Glasgow, y una zona al parecer de esparcimiento de los Glasgowenses, porque estaba llena de gente. La verdad es que lo merecía, porque en sus orillas se formaban bonitas playas, miradores y rincones que invitaban a pasar el día.

Allí paramos a comer en un hueco en el que por pocas no entramos, y tras el café, dimos el salto de 40 kilómetros que nos quedaban a Glasgow. Aparcamos en pleno centro, con menos dificultades de las que esperábamos, y gratis. A partir de allí iniciamos un paseo por sus calles de lo más contrastado: lo mismo pasábamos por un parque tan bonito como animado, que torcíamos hacia la catedral por una calle supuestamente principal, sucia, fea y deprimida tanto por los locales como por el público que la poblaba… luego otra vez campus universitario limpio y cuidado, plazas animadas, y entre medias calles más descuidadas. Una ciudad de contrastes.

A destacar los puentes sobre el río Clyde, y unas cabinas de teléfonos directos para impedir los suicidios en sus aguas.

Tras descubrir todas esas cosas y más, decidimos cenar en un sitio muy curioso, el Dark Cat, una buena hamburguesa. Después, cogimos la furgo y bajamos unos pocos kms hasta un lugar recomendado para dormir, que resultó ser un entorno precioso junto al castillo Bothwell.

12 de Agosto

Nos despertamos en un lugar bastante verde, al que acudían muchas personas con sus perros a pasear desde bien temprano. El día 12 tocaba atravesar buena parte de Inglaterra, para acercarnos a la costa Sur. Aprovechando las buenas autopistas gratuitas inglesas y que estábamos bien descansados de aquella noche hicimos los 470 kms casi del tirón, llegando a Birmingham a primera hora de la tarde. Nos daba un poco de miedo meternos en una urbe tan grande, pero no pillamos ningún atasco. Teníamos la referencia de un aparcamiento céntrico a modo de explanada, y en ese ya no nos libramos de pagar, aunque nos costó un poco porque funcionaban solo la mitad de los parquímetros, y los que funcionaban no dejaban pagar con tarjeta. Así que hice algo de compra en una tienda de comestibles de países del Este y con el cambio logré sacar ticket para unas horas. De paso, probamos galletas Polacas, leche Rumana…

Birmingham es la ciudad más poblada de Inglaterra después de Londres. Y está bastante cuidada. En sus calles céntricas se alternan edificios históricos, muchos de ellos relacionados con la banca y grandes empresas, con otros de arquitectura moderna destinados al comercio. Habíamos estacionado a 5 minutos andando de la catedral, pero llamarla así nos pareció muy ostentoso pues es un edificio bajito situado en el centro de un parque muy concurrido, en el que una vez más se percibía que los ingleses no están preparados para la sequía, porque el césped, carente de sistemas de riego, estaba medio muerto. Era tan discreto el templo que todos los edificios de alrededor lo tapaban sin esfuerzo, no pudiendo distinguirla hasta no estar lo suficientemente cerca de ella.

Luego nos dejamos caer caprichosamente por las calles peatonales que fuimos encontrando, llegando hasta The Bull Ring, un curioso centro comercial que iba asomando entre los edificios colindantes como si de una masa viscosa de proporciones desmedidas se tratase. De camino pasamos por la plaza del ayuntamiento, de inspiración clásica.

Llegando a la furgo aun nos dimos con algunas vistas urbanas dignas también de ser retratadas

El aparcamiento era de pago durante las 24h, imagino que para evitar que durmiésemos allí los que vamos en cámper, así que decidimos alejarnos unos kms hacia el Sur en nuestro camino de regreso, y al buscar información dimos con un pueblo tan animado como curioso: Leamington Spa. Allí cenamos y descansamos tras dar un paseo alrededor del río.

13 de Agosto:

Los planes del día 13 pasaban por dedicar la mañana a Oxford. Empezamos por encontrar aparcamiento en una zona residencial, cosa que en la teoría era complicado porque no parece haber mucho aparcamiento en la ciudad. Pero que en la práctica nos llevó poco dado que estábamos en Agosto, y el bullicio estudiantil se había sustituido por el turístico de buses de excursiones organizadas. Y después, tras un corto paseo nos situamos en la zona centro. Es curioso ver como allí todo gira en torno a la afamada Universidad. Gran cantidad de manzanas de viviendas son en realidad residencias de estudiantes, dispuestas como las típicas adosadas inglesas con patio trasero o zona comunitaria volcada al interior. Señales por doquier regulando los estacionamientos de bicicletas. Edificios universitarios, administrativos, bibliotecas, facultades… y en el corazón la antigua universidad, con su templo, escuelas, patios etc. Ah! Sin que falte el castillo, por supuesto.

AL principio de la tarde teníamos reserva para ver Stonehenge, por lo que salimos de Oxford con la idea de comer allí. No dimos con ninguna zona de sombra cerca de los megalitos, de modo que nos tocó comer en el aparcamiento, pasando bastante calor, pues desde que dejamos atrás Escocia empezaron a subir los grados con celeridad. Cuando entramos en el recinto, nos informaron de que no era aconsejable hacer el trayecto desde el centro de interpretación, unos 2 kms, hasta el crómlech, a pie con la perra, ya que era un camino asfaltado y quemaba. Había un servicio de autobuses, pero en este caso no se permitía el acceso con ella porque había overbooking… De modo que nos turnamos para ir de uno en uno. La parte quedarse en el centro de interpretación con la perra era bastante imaginable: Ordas de turistas queriendo retratarse con ella, comentarios, preguntas… en fin, lo de todo el viaje con el agravante de ser blanco fácil por el hecho de estar sentado en un banco. La parte de visitar el megalito, muy curiosa: sorprende el tamaño del conjunto, la disposición, el entorno… en fin, hay ríos de tinta escritos sobre Stonehenge, así que no voy a descubrir nada nuevo. Sí que me parece un poco caro el precio al que los ingleses despachan los tickets de su legado histórico, como les gusta llamarlo.

Tras la visita a los ancestros anglosajones, bajamos a Salisbury, una ciudad realmente bonita en la que habíamos planificado pasar la última noche en suelo británico. Dimos además con un concierto de órgano en la catedral (esta sí, digna de portar ese nombre) y con un ambiente festivo sin excesos. A destacar el claustro de piedra del templo.

Nos tomamos un par de pintas junto a un molino en el río, cenamos, y al nido.

14 de Agosto

El día 14 teníamos como meta llegar al puerto de Dóver, y ver algo de la costa sur inglesa de camino. Había algunas ciudades candidatas como Southampton o Portsmouth, pero nos echó para atrás el tamaño y que en las fechas en que estábamos nos retrasase demasiado entrar y salir de alguna de ellas, por lo que decidimos asomarnos a la costa de Eastbourne a echarle un vistazo a los famosos acantilados blancos. El concepto de playa de esta zona es muy diferente al que conocemos: Grandes cortes de piedra que hay que sortear bajando escaleras artificiales, y playas de piedras en las que el tema sombrilla y toalla para tumbarse tiene más de tortura medieval que de placer estival.

Típica escena del viaje en torno a Sialuk.

Tras rodar por carreteras costeras durante un buen rato, llegamos a Dóver para comer, en un sitio de comida rápida y picante en la zona comercial. De ahí saltamos a un par de supermercados «to burn our pounds» aprovechando que abrían en domingo, y a la cola de embarque.

Al cruzar relativamente pronto pudimos, esta vez sí, ver la costa inglesa con luz de día, y llegar a Calais para dar un paseo, tras vaciar grises y llenar blancas de cara a atravesar Francia y España los días siguientes.

15 de Agosto

El día 15 tuvo un objetivo por encima de cualquier otra cosa: atravesar Francia, en el menor tiempo posible sin dejarnos la economía en ello. Y es que una vez más nos dimos con la mala costumbre gala de ensartar al al prójimo con los peajes de las autopistas… Ello incluía buscar vías sin peajes, pocas paradas e ir turnándonos al volante para ganar tiempo. Así que salvo un área de descanso en una venta de melones, poco que reseñar. Queríamos dormir al Sur de Burdeos, y sobre el mapa nos fijamos en la cara Oeste de las Landas, ya que teníamos reciente una parada a esa altura pero al Este de la autopista. Y allí llamó nuestra atención la Laguna de Biscarrosse. Y, aunque estaba algo más lejos de nuestra ruta de lo que al principio nos pareció en el mapa, mereció la pena, pues descubrimos un sitio al que debemos dedicar una jornada o incluso unos días más pronto que tarde.

Se trata de una laguna mucho más grande de lo que pueda parecer en cartografía, muy cercana al mar pero de agua dulce, con arena de río en sus suaves orillas y rodeada de bosque. Al parecer utilizada tanto para deportes náuticos de todo tipo como para hidroaviación. Dormimos en un área de autocaravanas de polígono, no muy bonita, pero bien atendida y económica.

16 de Agosto

A primera hora de la mañana entramos en un súper a comprar productos franceses para nutrir el cuerpo y la nostalgia durante las cenas venideras en casa, y dimos un último paseo por la orilla de la laguna, que a esas horas estaba preciosa. Luego, regreso a la autopista, con alguna peripecia del Maps (que nos metió en una pista de tierra sin salida) y pocos contratiempos más. Afortunadamente en España le hemos cogido el tranquillo a atravesar sin peajes de una forma rápida (de momento) y eso nos permitió dormir en casa con unas horas de ventaja sobre el plan inicial.

Otro viaje para el cuaderno de Bitácora que, a pesar y gracias a los incidentes y vivencias nos ha hecho aprender y disfrutar a partes iguales, y poder hacer planes realmente fantásticos para un futuro próximo, que es de lo que se trata. Porque soñar con grandes viajes con la vista puesta en el día que nos jubilemos, es algo que hemos sido incapaces de sobrellevar.

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