Escocia 2022. Segunda parte.

5 de Agosto

Inverness es la capital más al norte de Escocia. Para que nos hagamos una idea, comparte latitud con Moscú. Pero tiene un clima más suave por sus condiciones geográficas. Con tan solo buscarla en el mapa nos daremos cuanta de que está en una situación bastante protegida, tanto de los vientos de poniente, dominantes en las islas, como de los de Levante, que en estas latitudes son los peores. Su acceso al mar se produce mediante un gran fiordo, el mismo en el que desemboca el lago Ness. Se podría decir por lo tanto que tiene tanto puerto fluvial como marítimo. Del primero parten permanentemente barcos para recorrer el lago, contando historias sobre el famoso monstruo, Nessy. Y del segundo decir que se encuentra muy protegido por estar en el vértice interior del fiordo, aspecto que se repite en todo el litoral escocés, haciendo que puertos que podrían haber sido bastante movido por el Mar del Norte, parezcan lagos. Y es que es una tónica constante ver indicaciones de ferris que zarpan con capacidad para coches y camiones desde diversos puntos.

En la práctica, Inverness aprovecha su situación estratégica centrada (cerca o relativamente de la mayoría de los puntos más famosos del país) para ser punto de partida de excursiones de todo tipo. Por eso, aunque es una ciudad pequeña, tiene bastante ambiente en verano. Cosa que comprobamos durante el atardecer del día en que llegamos. Multitud de bares, restaurantes y pubs se encontraban llenos de gente de todas las edades, aunque no como solemos ver en el Sur, sino de una forma bastante más discreta.

El río Ness, que la divide en dos, termina de configurar un paisaje bastante atractivo, aunque carente de grandes monumentos o hitos históricos, no es de eso de lo que vive su turismo. Por otro lado, su clima en verano, nos va avisando de que estamos ya bastante al norte, con un fresco que superaba nuestras expectativas al huir de la ola de calor permanente que vivimos en España en 2022.

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Por la mañana decidimos entrar en una tienda de deportes en rebajas para comprar unas bragas de cuello, y no hubiera estado de más comprar algo más de abrigo, al menos para Ana…

«¡Qué bien me vienen estos guantes de Raúl!»

Salimos de Inverness para comenzar nuestra vuelta por la Costa Norte de Escocia, y paramos a comer en el Castillo Sinclair. Muy recomendable, como podéis ver en las fotos, aparte de que estaba lleno de paneles informativos que recreaban la estructura y uso de este castillo a lo largo de su historia, bastante extensa. La verdad es que resultaba apasionante imaginar la vida en aquel rincón del mundo, y comprender su ubicación en unos acantilados, que formaban un pequeño puerto natural abrigado de las olas, y qué función cumplió entonces.

Seguimos hacia nuestro destino, el cabo John O´Groats, el pico nordeste de Escocia. Como íbamos bien, la idea era recortar unos kilómetros a la etapa siguiente, que consistía en bordear toda la costa norte y descender hasta el Loch Maree. Así que fuimos haciendo las paradas que el paisaje nos pedía. Habíamos reservado en un restaurante con muy buenas valoraciones que estaba más o menos en el centro de la cornisa norte, y nos lo planteamos como destino del día, animados por el hecho de que recomendaban un aparcamiento que estaba justo al lado para pasar la noche.

El faro del cabo se merecía una parada para ver desde sus acantilados las islas Orcadas.

Poco más adelante, fue esta playa espectacular la que captó nuestra atención e hico las delicias de Sialuk persiguiendo gaviotas.

Le andábamos tomando la medida a aquello del Passing Place, animados por el poco tráfico de la zona, cuando nos sorprendió allí en medio, en mitad de la nada, un curioso control de carreteras:

No nos pidieron el pasaporte, se limitaron a chuparnos la furgoneta mientras Sialuk ladraba escandalizada ante el hecho de que nos lo tomásemos con tanta parsimonia. «¡Se os está contagiando la flema inglesa!». Poco más adelante llegábamos a nuestro destino, un restaurante/hotelito verdaderamente bien atendido y con comida casera, deliciosa. Los dueños, un matrimonio, habían vivido en varios países, entre ellos la India y Argelia, y se habían traído de allí el gusto por las especias y una serie de recetas bastante originales. Afortunadamente se nos ocurrió llamar y reservar, porque allí solo había 3 mesas, y las otras dos estaba ya ocupadas cuando llegamos. Una de ellas por un par de ciclistas que se tomaron 4 pintas (por barba) solo el tiempo que estuvimos allí…

Tras cenar estupendamente y charlar un rato con el dueño, nos retiramos a nuestros aposentos que en este caso estaban en la explanada de encima de la pequeña aldea. Y dormimos como lirones en una lluviosa noche escocesa.

6 de Agosto

El día seis nos levantamos y con algo de etapa ya ganado, nos deleitamos parando a hacer fotos en todo aquello que nos fue llamando la atención, con la única meta en mente de llegar la Loch Maree para comer. El plan era entrar en camping para aprovechar la siesta en lavar y secar la ropa, y dedicar la tarde a dar una vuelta por el lago. Que era de los más atractivos del país.

Faro que había al final de la pista de tierra en la que habíamos aparcado
Esto lo encontramos en bastantes sitios: abres la puertecita, depositas una libra y te llevas 6 huevos frescos. A ver cuándo lo instalan en Granada…
Advierto: Las siguientes imágenes pueden herir la sensibilidad del espectador…

Cuando trataba de describir a Arturo cómo eran estas carreteras le decía lo siguiente: «Imagina que haces un juguete con 4 ó 5 botones, y en cada uno pones: Lago, río, fiordo, cascada, oveja… se lo das a un bebé y que vaya aporreándolos aleatoriamente… pues así es esto: Un sinvivir.» Nace agua del lugar más inesperado. Los ríos se convierten en lagos a su vez comunicados por otros ríos que desembocan en el mar en forma de cascada, cuando no es el lago el que se convierte en fiordo mientras la oveja pasta a sus anchas en la orilla del… mecagoentó. Mierda de sequía que tenemos en España.

Adverck Castle, el el Loch Assynt. Un curioso castillo al que hay que llegar mojándose los piés.

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Nuestro destino, majestuoso, al fondo de la ruta: El Loch Maree. ¿Pensabais que iba a ser más pequeño, verdad? Pues no, tiene 32 kilómetros de largo.

Paseo por la reserva Bein Eighe, a orillas del lago. Hay un centro de interpretación, y una zona de senderos, que con iconos te llevan a hacer una ruta por un bosque de pinos escoceses con vistas al lago, de unos 4 ó 5 kms, y otro por la ladera de la montaña, algo más escarpado y con el doble de longitud. Las vistas quitan el hipo.

Embriagados por todo lo que llevábamos visto ese día nos retiramos al área de autocaravanas, muy ordenada, procurando aprovechar además para vaciar y llenar los depósitos, porque desde que los puse dobles, se nos olvida que hay que hacerlo de vez en cuando…

7 de Agosto

Si quisiésemos colocar en la pared de nuestro despacho una imagen de nuestra carretera ideal, para transportarnos de vez en cuando a un lugar idílico, no sería muy diferente de esta:

Salimos casi con pena del Loch Maree, porque habría dado para mucho más tiempo, pero el destino de hoy era el plato fuerte de Escocia, y teníamos también cierta impaciencia por alcanzarlo: La Isla Sky. Quizás la parte más turística del país, cosa que nos daba cierto recelo porque no queríamos encontrarnos las marabuntas que habíamos sufrido en los Pirineos durante los veranos Covid. Así que con cautela e ilusión a partes iguales fuimos avanzando la apretada jornada que teníamos por delante. La primera parada del día era un best Seller: El Castillo Eilean Donan. Allí sí topamos ya con una pequeña multitud de paisanos, pero en el límite de lo sostenible.

Ciertamente es como lo pintan, una maravilla construida en el estrechamiento que se produce entre un lago y un fiordo.

De allí seguimos hasta entrar en Sky, y como íbamos bien de tiempo hicimos la primera parada apenas cruzar el puente que separa la isla del resto de Escocia. Allí teníamos el Caisteal Majol:

Para acceder a él había que seguir una pequeña vereda salpicada de barcos naufragados o abandonados, como ese junto a un viejo astillero. Luego seguimos avanzando hacia Portree, la ciudad más grande de la isla, haciendo paradas salpicadas por la geografía de su costa Este:

Sin privarnos de hacer un trozo de vereda en la zona de las Sligachan Waterfalls, que derraman sus aguas al Este de la cordillera Bla Behim, muy célebre en la isla por tener picos de 1000 mt de altitud, ahí, tan cerquita de la orilla. No puedo imaginarme las vistas que debe haber desde sus cumbres, y me impongo el castigo de volver para comprobarlo.

Finalmente, en Portree nos quedó tiempo para dar una vueltecita por su famosa linterna (con unas vistas espectaculares del mar) y comernos uno de los mejores fish&chips del país.

Tras esa jornada, comernos aquello mirando el puertecillo con las casas coloridas, casi solos (fuimos los últimos junto a otros españoles) nos supo a gloria. Como no se podía pernoctar en la ciudad, al anochecer, nos desplazamos hasta el aparcamiento del sendero del Old Man Of Storr, para hacer el pateo al día siguiente… Pero eso, el la próxima entrega.

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