Novios en Francia. II Parte

17 de Febrero. París.

Ya estábamos en París. Con toda la logística que nos había supuesto a nivel de estacionar la furgo, trasladarnos, reservar el hotel aparte, sacar entradas varias… Y el planning empezaba fuerte. Si una de las cosas que íbamos a aprovechar yendo solos era la visita a museos, después de Versalles, no nos íbamos a despistar. Teníamos listas las entradas de El Louvre.

No voy a llenar esto de fotos de uno de los museos más famosos del mundo porque la red está abarrotada de ellas y de vistas virtuales. Basten estas pocas para ver que incluso un día entre semana de febrero, aquello está lleno de gente de todas las edades.

Intentamos hacer una visita lo más optimizada posible saltando todo aquello que no nos llamaba tanto la atención, pero aguantamos lo que aguantamos, que no fue poco. Como nota negativa: que siempre tienen un ala entera cerrada por restauración, cosa que viniendo de lejos puede fastidiarte el plan si quieres ver una cosa concreta.

Salimos con ganas de comer a una hora a la que los franceses ya están pensando en la merienda, y tuvimos la suerte de encontrar un sitio que sin ser de comida rápida estrictamente hablando, nos atendió perfectamente, muy cerda del museo.

Como el hotel, a pesar de ser céntrico, estaba lo suficientemente lejos como para no plantearse ir y venir de él durante el centro del día, enlazamos la sobremesa con la continuación de la visita enfilando los campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo. Siguen tan llenos de tiendas como siempre.

Allí tuvimos ceremonia militar y todo, y estuvimos hasta el atardecer. Antes de coger el metro de regreso, como estábamos con la adrenalina ya subida, nos acercamos de nuevo al Sena a la altura de la Torre Eiffel para verla iluminada.

Y con eso ya si, dimos el día por suficientemente aprovechado.

18 de Febrero

Para la mañana del 17 habíamos reservado las entradas en la Torre Eiffel. Y tuvimos la mala suerte de que por el mal clima estaba cerrada la última planta, de modo que solo subimos hasta la segunda… por las escaleras!

A pesar de que he subido ya unas pocas veces, no dejan de impresionarme la cantidad de remaches, pintura, cables, peldaños… el tremendo Lego que hicieron hace ya casi 130 años. Había más cosas cerradas, o cambiadas, que eché de menos, pero las vistas eran las mismas. París a los pies es un espectáculo.

Nada más salir tuvimos que comprar un paraguas de usar y tirar porque el cielo decidió descargar sobre nuestras cabezas. Así tienen los ríos que tienen…

Luego fuimos a la zona de Les Invalides a comer, y estuvimos de cine en un sitio en el que pudimos degustar comida tradicional francesa. Eso sí, nos pusieron lo que quisieron! Andar por la zona y cómo no ver el imponente edificio nos llenó de sobra la hora tras la comida, y de allí fuimos al Sena en busca de un crucero por el río, que, de noche, es mucho más bonito que a la luz del día.

Y con la sensación de haber aprovechado también a tope la jornada, nos fuimos de nuevo a nuestro barrio. Allí empezábamos a hacer «amigos» entre los restaurantes y panaderías de la zona; una boulangerie con dulces árabes riquísimos, un restaurante pakistaní de comida para llevar estupenda… fuimos tirando de valoraciones de Google y acertamos de pleno.

19 de Febrero

Echamos a andar desde la salida de metro por el Sena disfrutando de las primeras horas del día en aquel lujo de rivera.

La primera actividad de otra jornada completita era la visita al Museo de Orsay, uno de mis favoritos. Y es que me encanta el impresionismo, cuanto más lo veo, creo que más me gusta. Y convertir una estación del tren de provincias en un museo, no pudo ser más acertado. No es ni de lejos tan grande como el Louvre, peor como pinacoteca también tiene un rato… La riqueza que en él se concentra es inconmensurable.

Son cuadros que estamos hartos de ver en los libros de arte, como algo lejano, super importante, y que de repente están allí, todos juntos.

La estación misma es una obra de arte.

Embriagados de tanto arte salimos en un día que ya hubiésemos querido para subir a la dama de hierro, hacia los Jardines de Luxemburgo, admirando los divertimentos de una sociedad que no huye de su pasado…

Carreras de maquetas de barcos de vela

Buscamos donde comer en la zona y las opciones nacionales se nos mostraban inalcanzables, de modo que acabamos en un coreano bastante curioso. Al fin y al cabo, también París es una ciudad internacional.

Y de allí nos abandonamos a deambular por las calles de París con destino a la Santa Capilla en un curioso zig zag. Tan curioso que llegamos cuando estaban cortando la cola de acceso, y nos tocó hacer un poco de teatro para que el que la organizaba nos colase y no nos dejase fuera. Menos mal. Esta me la salté en viajes anteriores y es un espectáculo.

Por cierto, las obras en Notre Dame parecen bastante avanzadas.

20 de Febrero.

París es una ciudad bastante plana, comparada con los sitios que habitamos generalmente nosotros, pero no podíamos irnos sin subir a la principal de sus elevaciones, Montmartre. Allí disfrutamos de las vistas desde el Sacré Coeur.

Además, tuvimos la suerte de presenciar una misa cantada con unas voces muy logradas. Luego, salimos a callejear por los alrededores, destacando desde las plazas que sirvieron de inspiración a los artistas impresionistas, los locales que han hecho historia como Le Moulin Rouge, y por qué no, las tiendas de delicatesen que casi nos tientan a adelantar varias horas el almuerzo.

La siguiente parada fue la ópera de París.

Y de allí regresamos al hotel a por nuestras cosas para salir en busca de la furgoneta, con el pellizco en el estómago de haberla dejado casi 4 días aparcada en un lugar que no conocíamos. Al final, el invento del cuartel fue todo un acierto.

Nos había costado tanto despedirnos de París, que llegamos a Chartres ya de noche. Conseguimos aparcar cerca de la catedral, en el casco antiguo, casi con calzador (es muy cómoda, sí, pero recordemos los 6 metros de chapa que la hacen tan amplia…) para dar una vuelta por las callejas de lo que tuvo que ser la ciudad medieval.

Era tarde, pero estaba saliendo todo de cine. Estábamos aprovechando el tiempo al máximo, No nos privábamos de nada, y viajábamos por mucho menos de lo que hubiese supuesto ir de hotel en hotel. Así que estábamos plenamente realizados. No es de extrañar que noche tras noche durmiésemos como no lo hacíamos ni en casa…

Continuará.

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