Barcelonette, Alpes

 

Este es el primero de los 2 destinos que hemos escogido para hacer 2 noches y desde él hacer radios. En origen, íbamos a hacer excursiones de montaña relativamente ambiciosas, pero la lesión de Ana nos obligaba a replantear el ritmo y combinar turismo con senderos cortos.

Desde Barcelonette tenemos a nuestros pies el Parc Nacional de Mercantour con un montón de pueblos preciosos, carreteras con curvas interminables (entre ellas el del famoso Col de la Bonette que puede leerse años antes en este blog) y montaña. Mucha montaña alpina. Otro de los alicientes es que estamos a un paso de Italia.

Desde Barcelonette

Nosotros, en nuestro afán de adaptarnos a la situación, decidimos gastar ese día como os cuento a continuación:

Primero nos acercamos a Larche, desde donde sale una pista asfaltada hacia un paraje en el que se inicia una ruta en ascensión, que tiene como curiosidad, en su inicio, un sendero muy sencillo plagado de pequeñas marmotas que se dejan ver y fotografiar a placer. Paralelo a un río, podemos ascender cuanto queramos, que el paisaje no defraudará en ningún momento.

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Tras el pateo, la hora de comer se acercaba en el reloj, la española, porque la francesa no paraba de alejarse hacia atrás… y decidimos subir el puerto que nos llevaba hasta Italia por la SS21 en busca de curvas antes de llenar los estómagos. Sin nada previsto, llegábamos a una zona fronteriza con puestos de quesos y mucha gente haciéndose fotos, y decidimos emprender el descenso para ver cómo era el primer pueblo Italiano. Argentera, es muy pequeño y no tiene casi nada, así que con ganas de más, llegamos hasta Berseccio sabiendo que nos jugábamos quedar en ayunas si no aparecía ninguna tienda allí abierta. Y lo que descubrimos fue aun mejor. Detrás de un italiano que decía haber viajado por el Sur de España y conocer Málaga y muchos de sus pueblos, nos encontrábamos con una pequeña bodeguilla de piedar, que luego resultó ser suya, que es uno de esos sitios que no te explicas cómo no tiene aun el famoso cartelillo de Tritdvisor. Allí nos invitó a una cata de quesos tan rica, que casi nos vimos obligados a pedir una ración… ¿Ración? Comimos los dos, queseros empedernidos, por poco más de 20 €. El vino estaba espectacular. La cerveza de vicio. Pero los quesos… dudo que volvamos a probar algo similar.

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Rodando, en todos los sentidos de la palabra, regresamos a Barcelonette viendo algún pequeño pueblo alpino de los alrededores, pues ninguno tiene desperdicio, y nos preparamos para la siguiente etapa en el precioso enclave del camping Le Chaup.

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