El Valle de Fornela

Que ha sido un año difícil, feo, negativo, y todo lo que se nos venga a la cabeza, es algo de lo que no vamos a incidir en este blog, en el que intento sacar lo más positivo de mi mismo: mi relación con el entorno que nos rodea. Pero si hay algo que no hemos dejado de hacer este año, mientras hemos podido y nos han dejado, han sido rutas. Sin embargo, andando ya el verano y convencidos ya de que no podríamos bajar en nochevieja a nuestro querido Marruecos, hemos encontrado casi por casualidad, sin quererlo, un rincón de España que no habíamos explorado y que tenía mucho por enseñar a muchos niveles: Paisajístico, cultural, gastronómico… y en el que más nos gusta a nosotros: rutero. Cuando nos desviamos caprichosamente en Agosto a ver a mi compañera Geni, quedamos encantados de ese rincón del mundo que cada vez que se presenta la ocasión se presta a vender: Su tierra. El Valle de Fornela, situado en el Bierzo de León, pero escorado hacia el Oeste, disfrutando de una ubicación en la que Asturias y Galicia quedan a tiro de piedra.

No pasaron ni tres días, y ya estábamos mandando fotos al grupo mientras rumiábamos la idea de hacer centro allí, en Peranzanes, para visitar todos sus alrededores ya fuera a pata o en 4×4. Y la magnífica acogida de la idea por parte de las autoridades locales, que nos facilitaron sobremanera la organización poniendo a nuestra disposición «Las Escuelas» y «Los Búlgaros», con todas las comodidades y a precio de risa, no hizo sino darnos el empujón final para decidir que este año, vale, no íbamos al desierto, pero tampoco lo íbamos a pasar nada mal.

Y así ha transcurrido el otoño, grupo de whatsapp incluido, preparando la quedada al detalle, cos sus rutas, pateo, lugares en los que comer, reparto de víveres para las cenas, incluida la de nochevieja, y precauciones de todo tipo para salvar la situación. Por fin, el día 31, salíamos de distintos lugares de España con nuestro test de antígenos recién hecho (qué nervios hasta el último momento), el jamón, los quesos de todo tipo, las empanadas gallegas, las naranjas, los embutidos de Lleida, la sidra, las lechugas, el turrón… y muchas, muchas ganas de pasarlo bien y de desquitarnos del maldito bicho.

Una vez en el pueblo, la cálida bienvenida de Guti, con Geni y Paco siempre atentos; la calidad con la que llevan allí los restaurantes; la belleza del pueblo, sus calles, sus piedras, sus fuentes, sus miradores, su arroyo… y aquellos paisajes fornelos que nos han conquistado, han hecho de esta quedada un paréntesis en nuestra rutina que nunca vamos a olvidar. Pero como colofón, el clima nos tenía reservada una sorpresa en forma de nieve que redondeó el ya estupendo conjunto, hasta que podemos decir que hemos vuelto del todo saciados y con las expectativas más que cumplidas.

Creo que las fotos, aunque parezcan preciosas, no llegan a expresar lo bien que lo hemos pasado. Pero al menos ponen una imagen a este texto. Espero que os gusten. Nosotros, solo podemos añadir una cosa: Volveremos.

Un comentario en “El Valle de Fornela

  1. Me quedo con la última palabra : volveremos !
    Ha merecido muchísimo la pena haber tenido la suerte de poder disfrutar esos estupendos días junto a un excelente grupo de personas. Y ver lo que hemos visto, y comer lo que hemos comido. Salud !

    Me gusta

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