Masía Pelarda 2016

25 al 29 de Febrero de 2016

Era el Puente de Andalucía, y esto me había dado pie para organizar desde hacía ya un par de meses una quedada con los amigos del 4×4 en la mítica Masía Pelarda, centro de peregrinación de los amantes de todoterreno españoles. Ana y yo salimos de casa el jueves tras la jornada laboral, para recorrer la nacional 322 en dirección Albacete, y así partir la distancia nada despreciable que tenemos de Jaén a Teruel. De camino visitamos Alcaraz, un pueblo por el que he pasado innumerables veces y al que tenía ganas. Pero que ese día nos recibía con más frío del que esperábamos.

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En nuestra meta, la capital de la cuchillería, nos juntábamos con la familia de mi amigo Jairo, que subía desde tierras granadinas, y así hacíamos equipo para durante el viernes atravesar el parque natural del Cabriel y la zona de Javalambre, donde encontramos las primeras nieves tras su paisaje casi lunar. 

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Así, trechito a trechito y disfrutando de pistas que nos pillan lejos de casa, llegábamos hasta La puebla del Valverde, donde quedaríamos con el resto del grupo.

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Cena de amigos, risas, y en busca de la Masía, no sin antes disfrutar de una “nocturna” atravesando las tierras que separan el bonito caserón de La Puebla. En la mente de todos estaba el deseo de que aquel temporal de nieve anunciado, dejase blancos los campos para el día siguiente, y la cosa empezaba bien pues todo el trayecto a oscuras estuvo salpicado de copos, a los que les costaba cuajar porque caían sobre mojado. Así que nos metimos en la cama sin saber qué nos encontraríamos al día siguiente.

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Abrí los ojos muy temprano, sin saber ni qué hora sería. Me incorporé un poco e intenté ver algo por el ventanuco de la habitación de literas. Estaba oscuro, pero en los tejados había una luz que no era del brillo del agua. Era nieve; sonreí, y volví a dar una cabezada, que me supo a gloria después de que la otitis no me dejase apenas dormir en Albacete. Poco a poco nos fuimos incorporando con la sonrisa de oreja a oreja. Jorge fue el primero en salir a pisarla. Y luego yo, cámara en mano, para inmortalizar el amanecer más blanco que había visto en La Pelarda, aunque para los lugareños debe ser algo habitual levantarse con este manto. Era una nieve polvo blandita, dulce, que no paraba de caer y no pararía en toda la mañana, acompañándonos durante la jornada de aquel glorioso sábado. Se sumaba a que no había ni rastro de anteriores precipitaciones en la tierra, y por lo tanto no existía riesgo de hielo. Solo polvo blanquito, y los caminos vírgenes esperándonos a rodar y disfrutar cámara en mano. Y vaya si disfrutamos…

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Paramos a comer en Mora de Rubielos, en un bar de inspiración irlandesa muy recomendable que hay en el centro junto a la iglesia, y seguimos hasta Nogueruela, donde sendos taludes de nieve nos tendrían entretenidos una hora. 

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Lo que iba a ser un café de media tarde, se convirtió en una retirada a tiempo, para regresar por asfalto hasta nuestro alojamiento, felices como perdices, después de haber pasado el día sumergidos en nieve. De la otitis mejor no hablar, pero para curarse esas cosas vuelve uno luego a casa. 

Al día siguiente tocaba despedirse de parte del grupo, y los andaluces volvíamos a casa como subimos: haciendo turismo. En este caso le tocaba el turno a Albarracín, y a toda la sierra donde nace el Tajo. Los planes fueron según lo previsto hasta que se acercó la hora de comer, y comprobamos que los quitanieves no pasaban igual de prestos en todas las provincias. El primer atranque, de repente y en una curva, lo tuvimos en un puerto pasado Frías en dirección Cuenca. Allí sí fue el camión de los que limpian de nieve el que nos marcó la ruta hasta que se acabó la provincia. Pero una vez en Cuenca, la asistencia brilló por su ausencia, y no nos quedó otra que retroceder por Moscardón, como nos recomendaron los especialistas de la zona. Claro que, aquella salida tampoco estuvo exenta de emoción.

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Finalmente y, tras parada para comer, llegaríamos a Cuenca con las mejores luces de la tarde para dar un buen pateo por el casco antiguo y retirarnos a descansar. 

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A la mañana siguiente, otro poco más de Cuenca y, de regreso a casita, convencidos de que tardaremos mucho tiempo en olvidar este puente de Andalucía.

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