El Camino Primitivo II

Esta historia comienza en Oviedo, hasta donde llegamos en coche un 2 de Julio. Allí dejamos los bultos en el Albergue de El Salvador, donde nos instalamos en una habitación doble con tanta historia como años, y desde donde recorrimos el centro de la capital del reino de Asturias. Lugar de partida del primer Camino de Santiago, realizado por Alfonso II en el s IX. Si queréis saber cómo nos ha ido por esos lares repletos de historia subidos en nuestras bicis, estad atentos a los próximos capítulos.

Arturo ha completado ya el Camino Francés, en Bicicleta. El año pasado hicimos el tramo desde León hasta Santiago, en seis etapas. De manera que este año debíamos buscar nuevos caminos para continuar la tradición. Y aunque la adolescencia no es el mejor momento de la vida para emprender batallitas con papá, había que salvar el escollo de llegar hasta allí, y luego echarlo a rodar. Al tratarse de un trayecto más duro que el trillado desde Roncesvalles, planifiqué las etapas juntando a veces sí y a veces no 2 de las de a pie. Con todo, el resultado ha sido, para mi sorpresa, que con 13 años por cumplir, me pueden mojar la oreja si me descuido lo más mínimo. Esto ya no es lo que era…

Las diferencias con el otro camino no se hicieron esperar: El subeybaja que recordábamos de Galicia aquí empezaba en Asturias desde el minuto cero. Pero no solo eso: El camino en sí, estaba pensado para hacerlo a pie, y en muchas ocasiones se tornaba completamente intransitable para las bicicletas. Así que salimos al asfalto cuando lo marrón se llenaba de cantos rodados. Las veces que nos pilló prevenidos, las que no… pues ajo y agua. Eso sí, hemos empujado muy poco la bicicleta para la de ocasiones en las que se nos apareció la posibilidad de hacerlo.

Lo que no cabía duda es que se trata de un camino más bonito que el Francés, más verde, montañoso, fresco, y al menos este año, húmedo.

La primera etapa era de aquellas cortas de calentamiento. De Oviedo llegamos hasta Grado, donde dormimos en el Albergue de la Quintana. Un gran caserón en la travesía con un agradable jardín trasero, mirando a los pastos de vacas, en el que una señora cuidaba de las ocas con permiso de «la raposa». Allí conocimos a un alegre grupo de sevillanos con una marcha increíble -en todos los sentidos, porque eran corredores de carreras de fondo montaña- Espero que hayan llegado a Santiago con la misma gracia con la que los vimos por Grado.

De Grado a Tineo ya sí teníamos por delante 42 kilómetros con unas buenas rampas: empezaban los puertos de montaña

Los paisajes de esa etapa, tremendos. A las imágenes me remito. También nos iniciábamos en nuestros desayunos de media mañana para afrontar las subidas, cosa que en esta ocasión hicimos en Salas. Luego, en Tineo dormimos en el Palacio de Meras, un bonito parador con sitio para peregrinos en los bajos, eso sí, menos cuidado a nivel de servicios que otros albergues al uso, pues no tenían ni donde tender la ropa, ni cocina…

Tineo, tan bonito como lo recordaba. En alto, y con unas magníficas vistas.

Tineo-Pola de Allande volvía a ser una etapa corta, aunque con algo más de ascenso que la primera. De hecho, a la salida de Tineo ya teníamos un tramo de camino muy pedregoso, pero con unas vistas preciosas a Tineo y luego al valle del río Villaverde.

Luego fuimos alternando un poco de carretera con resto de Camino, entre granjas y naves rurales. Llegamos a Pola de Allande muy frescos y muy pronto, tanto que la dueña de la Casita de Abba nos dijo que hiciésemos tiempo hasta las 13 h, momento en el que nos esperaba para meter las bicis en una pequeña cochera junto a la calle. Aprovecho para decir que este albergue es de los mejores que he visto en el Camino, o en mis caminos. La decoración estaba cuidada al máximo, con mucho gusto, y los servicios que brindaba muy correctos, a falta de un lavadero, que queda en la lista de los debes. Nos recomendó para comer el restaurante el Casino, muy del pueblo y con una comida exquisita.

Por la tarde nos fuimos a dar una vuelta por Pola y darnos un refrescón a la piscina municipal, muy recomendable.

Al día siguiente salíamos de Pola de Allande hacia Grandas de Salime. Como la Pola estaba en bajo, en el cauce del rio de la Pola, apenas salir nos tocó superar el puerto del Palo, quizás el desnivel más alto de este camino. Pero no fue el último, por lo que mantuvimos el asfalto más que en otras etapas, e hicimos menos fotos de las habituales.

Tras caer en el bonito embalse de Grandas nos esperaba otra subida entre pinos de otros 400 metros de ascenso, y la llegada al punto en el que Arturo hizo su primer tramo de camino hace ya un puñado de años. Me alegró mucho ver a Ricardo en la Casa Sánchez, de la que ya somos habituales, y sobre todo encontrarme con Ángel y su fantástico grupo, que arrastraba desde Oviedo a pie. Visitamos el museo etnográfico, que es una verdadera pasada y que animo a conocer a quien no lo haya hecho aún, y tras un rato de reposo, cenamos con ellos.

De Grandas de Salime hasta O Cadavo nos esperaba la etapa más larga, 54 Kms. Y la que más ascenso acumulaba, 1400 metros. Además, el tramo que cogimos de camino era bastante roto, de modo que tras abandonarlo mantuvimos el asfalto. En esta etapa entrábamos también en Galicia, y como se puede ver en la foto, pillamos bastante niebla.

La parada del colacao fue en Paradavella. Antes, hicimos foto en el centro de A Fonsagrada, que fue el final de la primera etapa que hizo Arturo a pie en su bautismo del Camino. Pero también estaba envuelto en niebla.

O Cadavo fue parada estratégica, pero poco más, porque el pueblo en sí solo tiene los alrededores. Eso sí, en el albergue A Porta Santa te atienden de cine, y tiene de todo. Nota: Abtenerse de comer hamburguesa en el bar de al lado, el Recuncho de Vane. Quemada, seca y con el pan medio congelado. Sin embargo, la bandeja de pinchos tenía muy buena pinta.

A la mañana siguiente salimos hacia Lugo por el Camino, pues estaba bastante cuidado y no suponía problema alguno para las bicicletas. Además, se adentraba en bosques frondosos que lo hacían especialmente agradable, a pesar de que calor no hacía ninguno. También había más peregrinos, al parecer había excursiones que llevaban a la gente a unos 20 kms de Lugo para regresar a pie aprovechando la infraestructura del Camino.

Tras un par de horas dimos vistas a la capital, que al estar el alto nos dio la bienvenida con unas buenas rampas.

Lo primero al llegar a Lugo fue buscar la estación de autobuses para dejar las bicicletas en consigna y así poder movernos más libremente por el casco antiguo. Lo siguiente darnos un buen desayuno a base de empanada de Bacalao y tarta. Y a partir de ahí nos dedicamos a pasear por la muralla y el centro, hasta la hora de comer. Luego solo nos quedaba dar final a esta aventura preparando el equipaje y bicicletas para coger el autobús que nos llevaría a la casilla de salida, Oviedo. Donde pasaríamos la noche en un hostal, cortesía de lo lentos que son los transportes en España, fuera de las comunicaciones con el centro (los albergues estaban cerrados a nuestra llegada).

En fin, otro camino que quizás marque un antes y un después en nuestros recorridos hacia Santiago, porque a partir del año que viene buscaremos combinaciones diferentes y medios distintos para movernos por su pedregoso recorrido.

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