Córdoba

Para sacarle el máximo partido a la furgo, nos estamos aficionando a hacer fines de semana en ciudades y lugares relativamente cercanos, en los que nos brinda la posibilidad de alojarnos de forma barata, sin renunciar a una comodidad muy por encima de la de una tienda de campaña, y sobre todo con una facilidad inmediata para instalarnos. Sin depender de reservas. Desde hacía años estábamos diciendo que queríamos volver a Córdoba, y la ocasión estaba servida. La fecha ideal: Primavera. Para rematarlo fuimos el fin de semana anterior a que empezasen los patios, por lo que pudimos ver ya algunos.

La primera sorpresa positiva que nos llevamos fue que pudimos estacionar enfrente de la Mezquita, al otro lado del río, ya que existe allí un amplio descampado regido por un gorrilla bastante gracioso, que nos cobró unos módicos 4 e diarios. Aparcada allí la furgo, y gracias al buen aislamiento y al mes de Mayo, pudimos parar en ella aun de día a pesar de estar al sol. La despensa, la placa solar y la nevera nos permitieron hacer allí los desayunos, alguna comida y alguna de las cenas. Y de noche descansar sin calor apenas; Recuerdo que hablamos de Córdoba.

Con tan solo cruzar el puente Romano estábamos en pleno casco histórico. Eso sí, al ir con Sialuk, tuvimos que adaptar nuestras visitas a lo que se podía hacer con perro. De hecho, como ambos conocíamos bien la Mezquita, decidimos no repetir y centrarnos en sus calles, plazas y patios.

Estuve viviendo en Córdoba seis meses, y no la recordaba tan bonita y cuidada. A pesar de los tiempos que corren, o quizás por eso y las ganas de la gente de salir a la calle, estaba bastante llena de turismo nacional.

El sábado transcurrió entero por la zona de la judería y Mezquita. Por la noche cenamos bastante agusto en la plaza Cruz del Rastro. Y nos deleitamos con las vistas del atardecer sobre el Guadalquivir.

El domingo ampliamos un poco el radio de acción, a la zona nueva, el templo romano, etc. Y al ser puente de mayo, aun nos quedamos la mañana del lunes para visitar los primeros patios, que ya a primera hora empezaban a tener afluencia. Son un espectáculo digno de contemplar, para los que no los conozcan. Escuchar las historias de los que los cuidan, deja atrás otras muchas aficiones culturales que creemos más sacrificadas. Solo pensar en la forma y lo que se puede tardar en regar una centenar de macetas colgadas de la pared a más de 4 metros de altura… y no digo ya mantenerlas, podarlas, resembrarlas…

En fin, un destino que gusta repetir. Hasta la próxima aventura!

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