Doñana

Esta vez nos hemos acercado a una ventana de este enorme espacio protegido desde la aldea de El Rocío, al Suroeste del parque, para comenzar por imaginar la vida que cobran sus calles de tierra en temporadas distintas de la elegida. Las cofradías exponen allí sus edificios de estilo andaluz abiertos a la naturaleza, fundiéndose con un entorno del todo privilegiado que nos apremiaría al siguiente paso, explorar las marismas, humedales, alcornocales y zonas de dunas.

El primer sendero lo abordamos desde el Palacio del Acebrón, un formidable edificio en cuyos jardines recrearon un entorno de exuberante belleza, y el que al parecer incluso hubo una buena colección de animales exóticos. De ahí dimos el salto a uno de los numerosos enclaves en los que nos podemos acercar a la fauna de los humedales, desde senderos y casetas de observación preparadas ex profeso. Y para terminar, bajamos a la costa, para descubrir las zonas de dunas en sus diferentes expresiones: Las móviles, con un sendero que sale del extremo Este de Matalascañas, muy recomendable, y las fósiles, ya en el camping que habíamos elegido para dormir. Especialmente recomendable su playa, con una fortificación derruida que permite unas tomas magníficas. Cenar comiendo pescado en Mazagón fue el placer que puso punto y final a la visita.

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