Moulis era otra de las ciudades que nos quedaba por visitar en nuestros trayectos atravesando Francia, y en esta ocasión nos vino fenomenal para un final de etapa antes de las bajadas fuertes hasta casa, de regreso de la Selva Negra. Es una ciudad agradable, con bastante ambiente, de tamaño mediano, de manera que se puede aparcar cerca del centro, por las calles paralelas al río, y pasear por sus calles a pie. A destacar el casco antiguo, sobre todo la zona alrededor de la catedral, que tiene una curiosa textura en la que se alternan piedras claras con otros oscuras, sin llegar al contraste de Pissa o Marsella.
Para dormir salimos a las afueras dirección Suroeste donde encontramos una de las mejores áreas de camper del viaje.







