Basilea

Y así llegábamos a uno de los platos fuertes del viaje: Basilea. Como la tirada desde Milhouse era muy pequeña pudimos disfrutar de todo un día por las calles de esta ciudad suiza que encandiló a Arturo (y al resto de la comitiva) por sus calles limpias, su zona monumental junto al Rin y su actividad. Tuvimos la suerte de llegar en Domingo, por lo que aparcar en el centro mismo fue sencillo. Datos fuera (no estamos en espacio Schengen) y zapatillas cómodas. En seguida estábamos penetrando en el casco antiguo por una de sus puertas monumentales, la Spalentor, que daba acceso a una calle casi sin tráfico, por la que tan solo circulaban residentes y tranvías. Desde allí fuimos bajando la Steinengraben hasta una plaza en la que hay bastantes restaurantes, cruce de tranvías, y luego atraídos por las vistas, a la Fuente de Tingueli, una curiosa alberca en la que hay mecanismos hidráulicos que se mueven por la presión del agua. Junto a ella la iglesia de sta Isabel.

Después continuamos hasta la zona de la catedral. Allí, en una plaza tenían puesta una gran pantalla para ver cine al aire libre, algo parecido a lo que nos encontramos en Salzsburgo hace años. Aprovechamos los puestos de una placita anexa arbolada para reponer fuerzas en un puesto de empanadas argentinas. Y seguimos nuestro periplo recorriendo las dos orillas del Rin que tienen unas vistas al casco antiguo realmente embriagadoras.

Como con Sialuk la opción museos, que hay muchos en Basilea (de juguetes, de historia, de tradición, etc) nos centramos en el lado callejeo, que además creo que es lo mejor de esta ciudad.

Cuando nos convencimos de que el precio de los restaurantes suizos no es para nuestro bolsillo en esas condiciones de viaje medio nómada, claudicamos por comer en el McDonald. Sacrilegio, para alegría del más joven de la comitiva. Y más pateo para bajar la comida y empaparnos bien de nuestra corta estancia en Suiza.

Uno de los últimos puntos de visita fue una pequeña zona de canales con molinos, que no obstante no es tan espectacular como las que voy a describir en los días sucesivos.

Como salir en lunes de allí podía ser más complicado que en domingo, al final de la tarde nos subimos a la furgo para alejarnos un poco avanzando algo del camino hacia la Selva Negra, el plato fuerte del viaje. Dormimos en una explanada de tierra junto a una zona de senderismo de un bosque de hayas, un sitio muy tranquilo sugerido por el Park4night.

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