Era la última parada bajando de Francia, y buscábamos un sitio que estuviese a medio camino más o menos entre Limoges y casa. Burgos ya es un viejo conocido, hemos estado por allí cerca en otros varios lugares, pero llamó la atención de Ana, Lerma, porque parecía una ciudad con patrimonio. Y digo si lo tiene, tanto que nos da vergüenza no haber parado hasta la fecha pasando por la puerta. No hay mal que cien años dure, y le pusimos remedio dejando una tarde para pasar allí, y estirar las piernas de la kilometrada.
¿De qué os suena Lerma? Pues del Duque de Lerma. Valido y favorito de Felipe III. Y señor que se dedicó a hacer una serie de edificios de estilo herreriano entre los que destaca el palacio, ahora parador, la plaza mayor, de las más grandes de España, y en fin promocionó que en el conjunto se desarrollasen una serie de otros que ahora podemos visitar, como el monasterio, los conventos, etc. Nosotros además lo encontramos de fiestas, bastante animado.
Queda, ya sí, dentro de nuestra lista de lugares visitados y recomendables para altos en el camino atravesando la península.







