Aguas Tuertas

Estábamos por el camping de Isaba friéndonos de calor, después de hacer sin pena ni gloria (no es que sea fea, pero después de los recientes ascensos a los Ibones era como un recuerdo de que se acababa ya el Pirineo ese año) la excursión de Siresa, cuando un comunicativo vecino de parcela nos preguntaba si habíamos estado ya en aguas tuertas. Y al decirle que veníamos de Hecho y no habíamos subido ni a su valle ni a la Selva de Oza, se llevó las manos a la cabeza. Al parecer, acabábamos de saltarnos lo más bonito de los Valles Occidentales, a su parecer. Y como el entorno no invitaba a pasar allí un día de baldío, decidimos retroceder unos kilómetros durante la siguiente jornada para reparar el entuerto. Qué bien hicimos.

Al ver aquello, lo primero que piensas es «si yo fuese hervívoro, este sería mi paraíso prometido». Es más. Jamás le he tenido envidia a un toro. Todo el día rumiando hierba cruda, detrás de vacas con el culo enorme, y con un miedo permanente a ver trapos rojos agitarse. Pero ese día, por primera vez, miré con envidia al único toro semental que pude distinguir en todo el valle. «Menuda vida te traes, compañero». Pero empecemos por el principio.

Contra los pronósticos de nuestro guía Vasco, pudimos aparcar la furgoneta muy cerca de la barrera que corta el paso a los coches casi al final de la pista. Debió ser cosa de suerte, aunque algo madrugamos. Desde allí, solo hay que seguirla aguas arriba, o bien zigzagueando o bien acortando por la vereda. No es mucha la subida, y pronto llegamos a un refugio. Estamos a un minuto de abrir la boca, pues tras coronar el collado. se nos abre ante los ojos un valle en U de dimensiones importantes que nos sonará de los libros de texto del colegio por lo característico que es dentro de este tipo de formación montañosa.

En el centro, el río Aragón nos escenifica la poca inclinación del terreno, haciendo meandros sucesivos. Y en ese punto se inicia una vereda por la vertiente oeste del Valle que va bordeando la ribera, para dejar tranquilos el millar de herbívoros (vacas y caballos) que pastan con total tranquilidad junto al agua. Son un par de kilómetros de absoluto disfrute hasta la cabecera, momento en el que se inicia otra subida para llegar al Ibón de Estanés. La ruta es lineal, andamos hasta donde queramos, y luego regresamos. Nosotros quisimos hacerlo por la orilla Nordeste una vez bajamos del refugio, al otro lado del río, para evitar la pista forestal, pues hay vereda también allí. Dejo las fotos, y os animo a conocer aquello.

7 comentarios en “Aguas Tuertas

    1. Sí, aunque reconozco que llevar crampones hubiera sido lo ideal, no somos expertos en nieve y había cierta pendiente lateral. También eran nuestras primeras incursiones en la montaña y se va cogiendo experiencia de saber dónde no meterse. Un saludo

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